domingo, 11 de diciembre de 2011

Estrella

Y si brillo
es, quizás,
por que hoy
encontré
verme
antes
de que me vieras.

Con esa fidelidad suprema
la exposición
a la luz
revela
la imagen
de lo que deseamos

sábado, 10 de diciembre de 2011

Un millón de sueños

Es algo que te atraviesa. No hay vara que mida el alcance, lo que significa, lo que se experimenta al sentirse convocado por algo que excede nuestra propia existencia. Sentirse parte de la construcción de futuro, de volver a soñar, de volver a creer.
Quedaron vacíos, ya, los argumentos individualistas, el descreimiento en las instituciones, el voto en blanco, el voto al menos malo.
He crecido en la liquidez de la década del noventa, en el marco de una sociedad sin sueños, en la casa donde cada vez había menos trabajo. Y hoy? El presente, completo, me ha encontrado distinta. Más vieja, más centrada, nunca menos soñadora. Y no puedo ser neutral, no puedo anteponer anteojos científicos para analizar sociologicamente lo que sucede a mi alrededor. Eso no es cuestión de poder. No quiero ser neutral, no quiero dejar de decir que este Modelo Nacional y Popular es el que elijo, el que sostengo, el que defiendo. Por los millones de sueños, que como los míos, fueron soñados en otras épocas.

Viva la patria!
Salud

jueves, 24 de noviembre de 2011

Al paso

Lo que no nombro
me aterra
Miedo al miedo del miedo
mi cerebro guardado en el placard

Nos falta tanto para ser conscientes...

viernes, 11 de noviembre de 2011

La nada

Estoy derecha,
tiesa.
Estiro mi brazos
inhalo el aire.
Floto...
cuerpo quieto,
aguas calmas,
asomo el codo
a la superficie
siniestra.

Otra vez,
brazo derecho,
se hunde
la palma de la mano
que no tiene
empuja,
se abre paso,
en pileta amplia.

Cuánto de cierto hay en que avanzo
Que cruda la ignorancia de los que saben
que este cuerpo que nada, no es solo eso.
Si mi palabra seria cierta,
si mi acción sería correcta
Donde acabariamos?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Going

Cierro los ojos y estoy en Londres. Me río, mientras comparto una copa de vino con otros, que no se quienes son, ni serán. Mas tarde camino por Parliament Street, la casa del parlamento ya se encuentra cerrada, por que está cayendo el sol. Estoy sola, en londres, caminando sin apuro, como siempre, bah. Voy hasta la costanera, ahí esta el río Tamesis, sí, lo estoy viendo y mientras el sol amarillo grisáceo empieza a abandonarme voy hay tomar el subterráneo que me lleva de nuevo al hotel. Y no me pierdo. Tomo el correcto: Westminster – Canary Wharf. Llego a lo conocido, veo esas caras argentinizadas y me siento un poco en casa. Por supuesto pensamos en comer, que comeremos esa noche en esta ciudad de piratas?

sábado, 6 de agosto de 2011

"Sala de psicopatología"

Después de años en Europa
Quiero decir París, Saint-Tropez, Cap
St. Pierre, Provence, Florencia, Siena,
Roma, Capri, Ischia, San Sebastián,
Santillana del Mar, Marbella,
Segovia, Avila, Santiago,
y tanto
y tanto
por no hablar de New York y del West Village con rastros de muchachas estranguladas
quiero que me estrangule un negro –dijo
lo que querés es que te viole –dije (¡oh Sigmund! con vos se acabaron los hombres del mercado matrimonial que frecuenté en las mejores playas de Europa)
y como soy tan inteligente que ya no sirvo para nada,
y como he soñado tanto que ya no soy de este mundo.
aquí estoy, entre las inocentes almas de la sala 18,
persuadiéndome día a día
de que la sala, las almas puras y yo tenemos sentido, tenemos destino,
-una señora originaria del más oscuro barrio de un pueblo que no figura en el mapa dice:
-El doctor me dice que tengo problemas. Yo no sé. Yo tengo algo aquí (se toca las tetas) y unas ganas de llorar que mama mía.
Nietzsche: “Esta noche tendré una madre o dejaré de ser”.
Strindberg: “El sol, madre, el sol”.
P. Éluard: “Hay que pegar a la madre mientras es joven”.
Sí, señora, la madre es un animal carnívoro que ama la vegetación lujuriosa. A la hora que la parió abre las piernas, ignorante del sentido de su posición destinada a dar a luz, a tierra, a fuego, a aire,
pero luego una quiere volver a entrar en esa maldita concha,
después de haber intentado nacerse sola sacando mi cabeza por mi útero
(y como no pude, busco morir y entrar en la pestilente guarida de la oculta ocultadora cuya función es ocultar)
hablo de la concha y hablo de la muerte,
todo es concha, yo he lamido conchas en varios países y sólo sentí orgullo por mi virtuosismo –la mahtma gandhi del lengüeteo, la Einstein de la mineta, la Reich del lengüetazo, la Reik del abrirse camino entre pelos como de rabinos desaseados -¡oh el goce de la roña!
Ustedes, los mediquitos de la 18 son tiernos y hasta besan al leproso, pero
¿se casarían con el leproso?
Un instante de inmersión en lo bajo y en lo oscuro,
sí, de eso son capaces,
pero luego viene la vocecita que acompaña a los jovencitos como ustedes:
-¿Podrías hacer un chiste con todo esto, no?
Y
sí,
aquí en el Pirovano
hay almas que NO SABEN
por qué recibieron la visita de las desgracias.
Pretenden explicaciones lógicas los pobres pobrecitos, quieren que la sala –verdadera pocilga- esté muy limpia, porque la roña les da terror, y el desorden, y la soledad de los días vacíos habitados por antiguos fantasmas emigrantes de las maravillosas e ilícitas pasiones de la infancia.
Oh, he besado tantas pijas para encontrarme de repente en una sala llena de carne de prisión donde las mujeres vienen y van hablando de la mejoría.
Pero
¿qué cosa curar?
Y ¿por dónde empezar a curar?
Es verdad que la psicoterapia en su forma exclusivamente verbal es casi tan bella como el suicidio.
Se habla.
Se amuebla el escenario vacío del silencio.
O, si hay silencio, éste se vuelve mensaje.
-¿Por qué está callada? ¿En qué piensa?
No pienso, al menos no ejecuto lo que llaman pensar. Asisto al inagotable fluir del murmullo. A veces –casi siempre- estoy húmeda. Soy una perra, a pesar de Hegel. Quisiera un tipo con una pija así y cogerme a mí y dármela hasta que acabe viendo curanderos (que sin duda me la chuparán) a fin de que me exorcisen y me procuren una buena frigidez.
Húmeda.
Concha de corazón de la criatura humana,
corazón que es un pequeño bebé inconsolable,
“Como un niño de pecho he acallado mi alma” (Salmo)
Ignoro qué hago en la sala 18 salvo honorarla con mi presencia prestigiosa (si me quisieran un poquito me ayudarían a anularla)
oh no es que quiera coquetear con la muerte
yo quiero solamente poner fin a esta agonía que se vuelve ridícula a fuerza de prolongarse,
(ridículamente te han adornado para este mundo –dice una vida apiadada de mí)
Y
Que te encuentres con vos misma –dijo.
Y yo le dije:
Para reunirme con el migo de conmigo y ser una sola y misma entidad con él tengo que matar al migo para que así se muera el con y, de este modo, anulados los contrarios, la dialéctica supliciante finaliza en la fusión de los contrarios.
El suicidio determina
un cuchillo sin hoja
al que le falta el mango.
Entonces:
adiós sujeto y objeto,
todo se unifica como en otros tiempos, en el jardín de los cuentos para niños lleno de arroyuelos de frescas aguas prenatales,
ese jardín es el centro del mundo, es el lugar de la cita, es el espacio vuelto tiempo y el tiempo vuelto lugar, es el alto momento de la fusión y del encuentro,
fuera del espacio profano en donde el Bien es sinónimo de evolución de sociedades de consumo,
y lejos de enmierdantes simulacros de medir el tiempo mediante relojes, calendarios y demás objetos hostiles,
lejos de las ciudades en las que se compra y se vende (oh, en ese jardín para la niña que fui, la pálida alucinada en los suburbios malsanos por los que erraba del brazo de las sombras: niña, mi querida niña que no has tenido madre -ni padre, es obvio-).
De modo que arrastré mi culo hasta la sala 18,
en la que finjo creer que mi enfermedad de lejanía, de separación de absoluta NO-ALIANZA con Ellos
-Ellos son todos y yo soy yo
finjo, pues, que logro mejorar, finjo creer a estos muchachos de buena voluntad (¡oh, los buenos sentimientos!) me podrán ayudar,
pero a veces –a menudo- los recontraputeo desde mis sombras interiores que estos mediquillos jamás sabrán conocer (la profundidad, cuanto más profunda, más indecible) y los puteo porque evoco a mi amado viejo, el Dr. Pichon R., tan hijo de puta como nunca lo será ninguno de los mediquitos (tan buenos, hélas!) de esta sala,
pero mi viejo se me muere y éstos hablan y, lo peor, éstos tienen cuerpos nuevos, sanos (maldita palabra) en tanto mi viejo agoniza en la miseria por no haber sabido ser una mierda práctico, por haber afrontado el terrible misterio que es la destrucción de un alma, por haber hurgado en lo oculto como un pirata –no poco funesto pues las monedas de oro del inconsciente llevaban carne de ahorcado, y en un recinto lleno de espejos rotos y sal volcada-
viejo remaldito, especie de aborto pestífero de fantasmas sifilíticos, cómo te adoro en tu tortuosidad solamente parecida a la mía,
y cabe decir que siempre desconfié de tu genio (no sos genial; sos un saqueador y un plagiario) y a la vez te confié,
oh, es a vos que mi tesoro fue confiado,
te quiero tanto que mataría a todos estos médicos adolescentes para darte a beber de su sangre y que vos vivas un minuto, un siglo más,
(vos, yo, a quienes la vida no nos merece)

Sala 18
cuando pienso en laborterapia me arrancaría los ojos en una casa en ruinas y me los comería pensando en mis años de escritura continua,
15 ó 20 horas escribiendo sin cesar, aguzada por el demonio de las analogías, tratando de configurar mi atroz materia verbal errante,
porque –oh viejo hermoso Sigmund Freud- la ciencia psicoanalítica se olvidó la llave en algún lado:
abrir se abre
pero ¿cómo cerrar la herida?

El alma sufre sin tregua, sin piedad, y los malos médicos no restañan la herida que supura.
El hombre está herido por una desgarradura que tal vez, o seguramente, le ha causado la vida que nos dan.
“Cambiar la vida” (Marx)
“Cambiar el hombre” (Rimbaud)
Freud:
“La pequeña A. está embellecida por la desobediencia”, (Cartas…)

Freud: poeta trágico. Demasiado enamorado de la poesía clásica. Sin duda muchas claves las extrajo de “los filósofos de la naturaleza”, de los “románticos alemanes” y, sobre todo, de mi amadísimo Lichtenberg, el genial físico y matemático que escribía en su Diario cosas como:
“El le había puesto nombres a sus dos pantuflas”
Algo solo estaba ¿no?
(¡Oh, Lichtenberg, pequeño jorobado, yo te hubiera amado!)
Y a Kierkegaard
Y a Dostoievski
Y sobre todo a Kafka
a quien le pasó lo que a mí, si bien él era púdico y casto
-“¿Qué hice del don del sexo?” –y yo no soy una pajera como no existe otra;
pero le pasó (a Kafka) lo que a mí:
se separó
fue demasiado lejos en la soledad
y supo –tuvo que saber-
que de allí no se vuelve

se alejó –me alejé-
no por desprecio (claro es que nuestro orgullo es infernal)
sino porque una es extranjera
una es de otra parte,
ellos se casan,
procrean,
veranean,
tienen horarios,
no se asustan por la tenebrosa
ambigüedad del lenguaje
(No es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas noches)
El lenguaje
-yo no puedo más,
alma mía, pequeña inexistente,
decidíte;
te las picás o te quedás,
pero no me toques así,
con pavura, con confusión,
o te vas o te las picás,
yo por mi parte, no puedo más.


Nota: Alejandra Pizarnik, escribió este poema durante su estadía en el Hospital Pirovano. 1971. Yo lo descubrí en Poesía Completa. Alejandra Pizarnik. A cargo de Ana Beccia. Editorial Lumen



lunes, 25 de julio de 2011

sábado, 11 de junio de 2011

El curso de Electricidad

Fui a Las Tolderías, una localidad cerca de Charata, en la provincia de Chaco. Me encontré con hombres y mujeres que nos estaban esperando, ansiosos de saber que éramos reales.

En el verano del 2011 estos mismos habían hecho un curso de Instalaciones eléctricas domiciliarias y hoy obtenían su certificado y su credencial como Trabajadores de la Construcción.

Ese es mi trabajo, pensar desde el Estado, proyectos de formación profesional para mejorar la inclusión laboral. Pero desde que tomé el avión para volverme, me di cuenta de la trascendencia que tiene un simple curso de electricidad.

Las Tolderías está habitada por hermanos Mocovíes, viejos olvidados de nuestra patria sin acceso a los derechos mas básicos, como la luz eléctrica y el agua potable.

En una sencillísima ceremonia el instructor nos contaba, con lágrimas que le llenaban los ojos a cada instante, que tenia miedo de no poder cumplir con nosotros (¿Desde cuando nosotros cumplíamos con ellos?), que pensaba que no iban a poder terminar el curso, que el trabajo golondrina y las necesidades iban en contra de la "asistencia perfecta" del curso. “Es muy triste verlos irse en camiones a Santiago” les decía a sus alumnos. Hermanos, los llamaba. Nos agradecía haber hecho tantos kilómetros para estar con ellos. Ellos nos agradecían a nosotros. Yo les agradecí a ellos, no podía hacer otra cosa más que agradecerles.

Entregamos cada uno de los certificados con aplausos intensos y sonrisas emocionadas, algunos eran muy jóvenes, algunos no tanto, algunas mujeres habían venido en representación de sus compañeros, que estaban de changas. Nos aplaudimos entre todos. El sol Chaqueño había disipado la niebla y nos iluminó las fotos que queríamos guardar en nuestra memoria. Nos sacamos una todos juntos, el Cacique estaba a mi lado y cuando la foto iba a disparar dijo con su voz tranquila, “¡¡qué viva Perón!!” con sus dedos armando la V de la Victoria. Otro, más joven, se animó con un “¡¡y Cristina!!”

Uno de los hombres, nos invitó a su casa, quería mostrarnos como había hecho la instalación eléctrica. A unos pasos de ella, estaba el poste de luz y él había hecho la conexión y nos invitaba a pasar mientras sus dos hijos varones arreglaban la cama rápidamente. Orgulloso nos contaba, cada paso de su trabajo. Su saber nuevo aprovechado en provecho de su familia. Hoy tenían luz eléctrica. Después, el Cacique nos invitó a su casa, no podíamos irnos, hacia treinta años que nos esperaban… Nos contaba que desde el año 83 estaba esperando que le “bajen” la luz y que hoy la tenía por que uno de los jóvenes que hizo el curso se la había conectado. Se había comprado una tele y podía escuchar la radio. No me quería ir nunca de ahí, quería quedarme a escucharlo, quería quedarme con el, que me dijera todo lo que quisiera. Me dijo que estaba muy contento de haberme conocido, que era muy hermoso para el que tengamos tiempo para estar con ellos. Yo no entendía nada. Que poco entendemos pensé y por cuantas pelotudeces discutimos a veces, si pudiéramos detenernos cada día un rato en estas grandes cosas, si pudiéramos vernos mas.

Cada uno de estos hechos me construye. Sí, como el albañil a sus paredes.

miércoles, 1 de junio de 2011

Nuevos aires

El aire nuevo se mete por entre la ropa
y es mucho
y es tan intenso, me desespera su ser tan inquieto
Tan quieta, tanto años y ahora...
Recuerdo abrir bien la ventanilla de Renault 18
sacar la cabeza
abrir la boca
y ahogarme
con aire

Tengo un poco de miedo.

domingo, 29 de mayo de 2011

La proximidad de los sueños

Me he sentido antes así
desde el piso
miro lo que me falta
y no se de donde
agarrarme.
Han cambiado las cosas,
claro, que han cambiado
Todo lo hecho
está aquí y ahora
Y me limpio el vidrio de mis anteojos
para ver mejor
lo que estoy por hacer.

Foto Mia: "Desde el piso"

sábado, 14 de mayo de 2011

La luz

Qué inmensa es la luz que provoca mis ojos
qué solemnes tus palabras
qué invasivas tu manos
qué horribles los recuerdos que de ti tengo.
Cómo es que se confunden las cosas
cómo es que, desde un mínimo instante, podes cambiar para siempre
Contigo no intercambio
Contigo no contrato
A ti no me vendo,
no me compro
tu
enfermo
actuar.
La luz he prendido
hace rato
me niego
al fin
a apagarla
Mía la foto: "Lámpara, Luna, Sol"

domingo, 1 de mayo de 2011

Invierno


He prendido la estufa
hoy que ha regresado el frío
mis manos ya lo padecen
mi cuerpo lo alberga

Emprendo la mudanza
hacia un lugar
un nuevo lugar

De mientras, esperaré la primavera
con sus colores
en mi cara
en mis piernas
Con todas sus flores.


Mía Foto, " La Sandia de enfrente"

sábado, 12 de marzo de 2011

Antes.


Antes, sí, antes.
En el ayer
Que me dijiste,
que te quisiera
Cómo querías que te quisiera
Cómo no pude hacer más de lo que hice
Cómo fue que me aleje de tus sombras
Con solo cerrar las puertas de mi casa
Cerrando mi corazón
Que hoy se seca frente al espejo

Mía Foto, Laberinto.

martes, 22 de febrero de 2011

siempre hay un celofán
detrás de cada palabra
hay otra que intenta no escapar
y no escapa para no hacer mas duro el golpe

no es a ti a quien extraño
si no a los momentos en que he sido feliz.

miércoles, 16 de febrero de 2011

La luz de las cosas.

Exposición.
Mostrar ante los otros.
Recibir luz.
Suponerse transparente.
Desnudo.
Débil
Incoherente

Objeto servido ante el diente ajeno...

sábado, 15 de enero de 2011

...

Nada hay ya que esperar. No hay nada que debamos decirnos. Ni hay ya nada que nos debamos. Pasaron cada una de las posibilidades. Nos sumergimos en cada una de ellas.Las desgastamos. Las devoramos. Hoy, la nada. Solo eso, nada.

lunes, 10 de enero de 2011

Escena a paso lento

He caminado más rápido, lo sé..
no puedo volver a hacerlo, en verdad, no quiero.
La lentitud de mis pasos exasperan a los que me acompañan,
cuando lo hacen,
pero nadie me ha preguntado a donde es que voy.
O por que la lentitud en mi andar?
O si nada me espera al final del camino?

El viento de Enero me corre entre las piernas
y no hay cosa mas bella que cruzar la Plaza de Mayo
lento y cantando...
La música acompaña, como siempre.
Las ondas se dibujan cuando mi cuerpo corta la brisa húmeda
y puedo sentir que los otros escuchan mi voz, pese a su prisa.
La lenta caminadora es absorbida por la boca del subterráneo.
Entro en la penumbra, el sofocón, los ruidos intensos
Pero salgo, siempre salgo.

sábado, 1 de enero de 2011

Año nuevo


Bendita soledad que acompaña los despertares. Han pasado cien días, uno a uno los he transitado, de diferentes formas. Alegría extrema, tranquilidad, llanto continuo y perdurable durante varios minutos, desazón, calma insensible, furia, rabia, largos días de enojo. Tristeza fugaz, tristeza continua. Incomprensión, comprensión total. Ajena de algo que me sentía parte.

Y la paz, el placer, el disfrute que regresa. La comodidad de saberse sola, de no derretir hielos imposibles ni explicar lo que nunca tuvo explicación

Ver como cede, día a día, el extrañamiento de algo que nunca fue real. Que nunca llegue a tocar con las manos

No se cómo serán los días que vengan, ni quisiera saberlo.

Me place pensar que es mejor así, vivir.