lunes, 1 de febrero de 2010

Aire


El soplido de su respiración le alisó la piel

Soplido tras soplido fue resultando como un tratamiento terapéutico aquel extraño método anti age.

Era así, cada aire inspirado y expirado por esa nariz afrancesada le devolvía la juventud que días a tras había sentido perder.

No era un simple respirar. Era un respirar tranquilo, profundo. También podía ser exitado y transpirado, como cuando jugás los cuatro mejores minutos en el partido de tu vida.

Ella sentía que era mas que el aire lo que le generaba tal sensación.

Dejó pasar solo un día. Día, por cierto, en el que ella volvió a recuperar esa niña de la que disfruta ser.

A la mañana siguiente, el rocío en el pasto los acompaño con el desayuno y ella sin que el y su nariz afrancesada se dieran cuenta, sacó su adminiculo de investigación. Ella se fue fascinando con tal descubrimiento mientras el desayuno avanzaba. Rió sola, varias veces y el le devolvía su sonrisa complice cada vez.

Quedó sola, con el aire respirado en su piel y procedió a confirmar sus observaciones. Cada milímetro del aire estaba lleno de mínimos inmensos destellos dorados que reventaban contra su piel. Eran como eléctricos.

El trajo más mate. Ella lo tomó, con sus manos, de la cara. Lo miró unos segundos. Qué hermosos ojos, le dijo.

Estares

He estado aquí antes
así de quieta
Así, llena de llanto
Las muñecas blancas,
toda mi piel blanca

Recuerdo haber estado de otra manera
en este mismo lugar
La mirada calma llenando mis agujeros
La luz inquieta alumbrando este espacio
Tan dentro uno del otro

Todo se nubla sin esos ojos