sábado, 31 de octubre de 2009

Amador


Hoja sangre
Cielo cuerpo
Tallo vena
Luz color
Luz calor
Dónde queda el dolor que inauguraron esas manos
Como fue el instante en que el amor se convirtió en odio
Yo recuerdo, sabes.
Tu cuerpo inmenso en el mar salvándome de las olas
Tu italiano imperfecto divirtiendo mis horas
Como me desprendo de la idea inútil de quedarme solo con uno
Solo con un recuerdo
Si sos todos esos
Los recuerdos

*mia foto

viernes, 30 de octubre de 2009

miércoles, 28 de octubre de 2009

Decir III

Por qué no vomitar,
sin racionalidad,
todo lo que me duele
Frente a tu cara,
amarillenta,
dolida de callar,
arrugada de esperar,
mi dolor.

Decir II

Decir.
Decidir decir.
Decidir ser diciendo.
Sintiendo
nada más
que
por
y
para
mi.

Decir I

Dije ayer
con el corazón sobre la mesa
Te lloré en la cara
Una a una las lágrimas hicieron surco en mi cara
Me sentí en cada una de ellas como nunca antes
La tragedia se termina
Y las nuevas horas están llegando
Respétenlas,
marchan atentas afilando la lengua
Pacientes

sábado, 24 de octubre de 2009

la mas pequeña espía

Un telón que habitó salas oscuras.
Como un cuerpo
Hay, hoy, una nueva obra
con clarinetes,
que suenan alto.
El telón se ha vuelto rojo,
de amor,
de intenso.
Es de pana.
Suave, pana roja.
Y la mas pequeña espia
y está todo el público...
sí está ahí.
Todos mirandonos,
hasta nosotras nos miramos.
Mirándonos,
preparando el disfrute,
afinando los ojos,
limpiandonos la piel.
No habrá mas mugre,
no la habrá.
Obra de mujeres
que estrenaron hace rato
ahora se ven girando
como trompos multicolores.

martes, 20 de octubre de 2009

Mas allá de la inundación

Campana de iglesia de mil años
imagino el sonido del quejoso bandoneon
El sol quema la piel
y la gente,
gente inquieta,
no se detiene frente a mi lento andar.
La doña me pide permiso
y con mi permiso le habla a mi compañero
y mucho bebe a upa
y mucho arbol color verde primavera

y mucho de mucho en el aire.

viernes, 9 de octubre de 2009

Amor

Amor de labios,
de ojos,
de muecas.

Amor que se sienta a esperar con paciencia
que la marea calme
que la sal se despegue de nuestros cuerpos
y volver a recorrernos
con el azúcar de nuestras lenguas inquietas.

En la inmensidad del mundo,
único,
indivisible,
el imán del cuerpo, nos deja enfrentados
pegados.
Respiramos, así, sudando el sol.