Resultó ser que la bomba que tenia entre las manos explotaba sistemáticamente día tras día, reventando cada uno de sus dedos. El dolor era solo suyo, ya que la explosión no producía sonido ni daños a su alrededor. Menos producía acciones en los demás.
Caminó con los pies chorreados. La sangre le caía de las manos. Sentado en el bar, pidió cerveza inglesa, y lo escuchó atentamente. Así sucedieron las tardes, las mañanas y hasta días enteros.
Por que tenés las manos así? le preguntó una mañana de junio. Las muñecas destruidas latían de incomodidad, nunca antes había reparado en ellas.
Por que? contestó. No lo sabia, realmente no lo sabia.
Y que es eso que llevas en tu mochila?
Una bomba. No te asustes, nadie hace nada con ella. Y ella, por mas que yo lo quiera, tampoco le hace daño a nadie. Relajado prendió el tercer cigarillo.
Una bomba que no hace nada? Pero acaso vos no podes verte como tenés las manos?
El ambiente olía a sangre y el no se daba cuenta que era la suya.
No me protejas del estallido precioso de sentirte, le dijo el individuo y se quedó a su lado.
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2 comentarios:
me gusto muchisimo la parte de las muñecas que latian de incomodidad...
en realidad me gusto todo..
Gracias, Matias.
Saludos!
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